LITERATURA COMO PAN

EL ARTE DE ESTAR EN EL AHORA

Sobre todo examinen lo habitual. No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: ‘Es natural’. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada… Nunca digan: ‘Es natural’, para que todo pueda ser cambiado.

Bertolt Brecht

Francis Ponge nació en Montpellier en 1899. Trabajó como editor y periodista en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Estuvo en contacto con el movimiento surrealista, y fue parte del partido comunista en 1937, abandonándolo después de la Segunda Guerra Mundial en 1947. Ese mismo año fue condecorado con el Premio Internacional para la Literatura de Books Abroad/Neustadt. Siendo sus obras elogiadas por Sartre. Obtuvo un profesorado en la Alliance Française desde 1952 hasta 1965. Murió en 1988 en Le Bar-sur-Loup. Es uno de los destacados poetas del siglo XX. Se le ha llamado «el poeta de las cosas» porque objetos simples como una planta, una concha, un cigarrillo, un guijarro o un trozo de jabón son los temas de su poesía.

Para Ponge, todos los objetos anhelan expresarse, y esperan en silencio la llegada de la palabra para poder revelar las profundidades ocultas de su ser. Es de esperarse que para poder cruzar el umbral y escuchar el silencio de todo lo que parece mudo el poeta debe ubicarse también en un plano silencioso, callar lo más posible su visión del mundo, porque ésta es un resultado de sus experiencias, de la educación, de la influencia de un mundo que para Ponge está corrompido y al que el poeta detesta, posiblemente por las circunstancias históricas que le tocó vivir. Incluso en momentos aborrece el lenguaje que es producto o resultado de este mismo sistema infestado. Al que debe recurrir como puente o llave para encontrar una nueva idea de la realidad quizás una más fiel, más pura. Logrando un misticismo tan igual al de los maestro zen o al de los poetas que hablan de temas «profundos», desde su perspectiva, (para algunos, materialista caracterizada por una meticulosa observación y descripción de objetos cotidianos), pero que redefine la relación entre la palabra y el mundo tangible desafiando las convenciones poéticas tradicionales al centrarse en lo aparentemente simple, elevando los objetos comunes a la categoría de símbolos poéticos con una capacidad para revelar la complejidad intrínseca en lo mundano.

La Influencia del Surrealismo y el Cubismo:

La poesía de Ponge está impregnada de influencias surrealistas y cubistas. Al igual que los artistas cubistas descomponían y reconstruían la realidad visual, Ponge descompone las características de los objetos para revelar sus múltiples facetas. La escritura de Ponge, a menudo fragmentaria y llena de imágenes sorprendentes, refleja la influencia surrealista al explorar el inconsciente y lo irracional a través de la objetividad aparente.

La poesía de Francis Ponge representa una innovación significativa en el mundo literario al desafiar las convenciones establecidas y centrarse en la riqueza oculta de lo cotidiano. Su enfoque en la poesía del objeto, la lucha entre la palabra y el objeto, y las influencias surrealistas y cubistas, convergen para crear una obra única que invita a los lectores a reconsiderar el significado de lo ordinario. La poesía de Ponge no solo revela la belleza intrínseca en los objetos simples, sino que también cuestiona la capacidad del lenguaje para aprehender la complejidad del mundo que nos rodea. En última instancia, la obra de Ponge se erige como un testimonio de la poesía como un medio para explorar y dar nueva vida a la realidad cotidiana.

La perspectiva de Francis Ponge, en su poética enfocada en la observación detallada de objetos cotidianos y la descripción minuciosa de la realidad tangible, se confronta directamente con la visión más tradicional de la poesía como inspiración divina o una visita de las musas. Aquí hay algunas maneras en las que podríamos explorar y contrastar estos enfoques en el proceso creativo:

  1. Origen de la Inspiración:
    • Ponge: Ponge sugiere que la poesía puede surgir de la atención cuidadosa a los detalles y a través de la observación de lo común. La inspiración proviene de la vida diaria y de la capacidad del poeta para mirar más allá de las apariencias superficiales.
    • Enfoque Tradicional: La visión más tradicional ve la poesía como un regalo divino o una manifestación de las musas. La inspiración es algo que desciende sobre el poeta desde una fuente externa, a menudo místico.
  2. Proceso Creativo:
    • Ponge: El proceso creativo de Ponge implica un compromiso activo con el mundo que lo rodea, con la permanencia activa y despierta en el ahora, observando y describiendo minuciosamente. La poesía se construye a través de la atención meticulosa a los detalles y la exploración del significado en lo aparentemente simple.
    • Enfoque Tradicional: Aquellos que creen en la inspiración divina pueden experimentar la creación poética como un momento efímero de revelación, donde las palabras fluyen casi sin esfuerzo, guiadas por fuerzas más allá de la comprensión humana.
  3. El Papel del Poeta:
    • Ponge: Ponge ve al poeta como un observador activo y comprometido con el mundo, cuya labor es revelar la complejidad de lo cotidiano a través de la palabra.
    • Enfoque Tradicional: En el enfoque tradicional, el poeta puede asumir un papel más pasivo, siendo un receptor de la inspiración divina y un portavoz de verdades más allá de la experiencia humana ordinaria.

En definitiva este contraste refleja dos enfoques existentes en el mundo poético. Mientras que Ponge aboga por la conexión directa con la realidad y la capacidad de encontrar belleza en lo mundano, la perspectiva tradicional a menudo se apoya en la idea de una inspiración más allá de la esfera terrenal. Ambas visiones, sin embargo, contribuyen a la riqueza y diversidad del panorama poético. Y ambas siguen siendo corrientes, o caminos en los que los escritores o poetas contemporáneos o actuales consiguen desarrollar su creación literaria.

LA NARANJA (FRANCIS PONGE)

Al igual que la esponja, la naranja busca recuperar su compostura tras pasar por la prueba de haber sido estrujada. Pero si bien la esponja lo consigue siempre, la naranja jamás, porque sus células ya estallaron, sus tejidos están ya desgarrados. Mientras externamente va de a poco recobrando su forma gracias a su elasticidad, se ha derramado un líquido de ámbar, acompañado de un frescor y de perfumes suaves, es verdad, pero también muchas veces de la amarga conciencia de que han sido expulsadas antes de tiempo sus pepitas.

¿Hay que tomar partido entre estas dos maneras de soportar la opresión? La esponja es puro músculo, y se llena de viento, del agua limpia o sucia, según el caso, y esta gimnasia es innoble. La naranja es más refinada, pero demasiado pasiva -y ese fragante sacrificio… es en verdad hacerle las cosas muy fáciles al opresor.

Pero no es suficiente para hablar de la naranja con haber recordado su manera específica de perfumar el aire regocijando a su verdugo. Es necesario destacar también el tono glorioso del consiguiente líquido que, mejor que el jugo del limón, obliga a la laringe a abrirse con generosidad para decir la palabra y para tomarlo, sin muecas aprensivas, sin rispidez en las papilas gustativas.

Y uno se queda sin palabras para contar la admiración que despierta la envoltura de la tierna, frágil y rosada esfera en este espeso papel secante húmedo en donde la epidermis extremadamente fina pero muy pigmentada, hirientemente sápida, tiene el punto justo de rugosidad que permite retener dignamente la luz sobre la forma perfecta de la fruta.

Pero al final de un estudio demasiado breve, hecho lo más rotundamente posible, es necesario ir al grano: la semilla, parecida a un minúsculo limón, tiene el color de la madera blanca del limonero, y por dentro es de un verde de arveja o de brote nuevo. Y allí se puede reencontrar, después de la explosión sensacional del farol veneciano de sabores, colores y perfumes que es la esfera frutada en sí misma, la relativa dureza y el verde (no desprovisto por cierto de sabor) de la madera, de la rama y la hoja: un resumen pequeño pero que ciertamente es la razón de existir de la fruta.

En francés:

L’ORANGE (FRANCIS PONGE)

Comme dans l’éponge il y a dans l’orange une aspiration à reprendre contenance après avoir subi l’épreuve de l’expression. Mais où l’éponge réussit toujours, l’orange jamais : car ses cellules ont éclaté, ses tissus se sont déchirés. Tandis que l’écorce seule se rétablit mollement dans sa forme grâce à son élasticité, un liquide d’ambre s’est répandu, accompagné de rafraîchissement, de parfums suaves, certes, — mais souvent aussi de la conscience amère d’une expulsion prématurée de pépins. 

Faut-il prendre parti entre ces deux manières de mal supporter l’oppression ? — L’éponge n’est que muscle et se remplit de vent, d’eau propre ou d’eau sale selon : cette gymnastique est ignoble. L’orange a meilleurs goût, mais elle est trop passive, — et ce sacrifice odorant… c’est faire à l’oppresseur trop bon compte vraiment. 

Mais ce n’est pas assez avoir dit de l’orange que d’avoir rappelé sa façon particulière de parfumer l’air et de réjouir son bourreau. Il faut mettre l’accent sur la coloration glorieuse du liquide qui en résulte et qui, mieux que le jus de citron, oblige le larynx à s’ouvrir largement pour la prononciation du mot comme pour l’ingestion du liquide, sans aucune moue appréhensive de l’avant-bouche dont il ne fait pas hérisser les papilles. 

Et l’on demeure au reste sans paroles pour avouer l’admiration que suscite l’enveloppe du tendre, fragile et rose ballon ovale dans cet épais tampon-buvard humide dont l’épiderme extrêmement mince mais très pigmenté, acerbement sapide, est juste assez rugueux pour accrocher dignement la lumière sur la parfaite forme du fruit. 

Mais à la fin d’une trop courte étude, menée aussi rondement que possible, — il faut en venir au pépin. Ce grain, de la forme d’un minuscule citron, offre à l’extérieur la couleur du bois blanc de citronnier, à l’intérieur un vert de pois ou de germe tendre. C’est en lui que se retrouvent, après l’explosion sensationnelle de la lanterne vénitienne de saveurs, couleurs, et parfums que constitue le ballon fruité lui-même, — la dureté relative et la verdeur (non d’ailleurs entièrement insipide) du bois, de la branche, de la feuille: somme toute petite quoique avec certitude la raison d’être du fruit.

«La contemplación de los objetos precisos es también un reposo, pero es éste un reposo privilegiado, como el reposo perpetuo de las plantas adultas, un reposo que carga frutos».

Razones para vivir Feliz, Francis Ponge.

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